Joan Colomer nació en 1965 en San Feliu de Pallerols, en una familia de tradicion artistica. Aprendió el oficio de la pintura desde pequeño, junto a sus dos hermanos y bajo la tutoría de su padre, artista también. Además del ambiente artistico de dentro de la familia, le ha marcado también el paisaje pastoral de su infancia, con sus selvas profundas y sus colinas. Este paisaje excepcional ha prestando su nombre a la Escuela de Paisaje de Olot, fundada por el pintor Jaoquim Vayreda hace 125 años.
Colomer aprendió con rapidez las tecnicas artística más complejas, interrumpiendo su aprendizaje sólo para atender las clases de la Universidad de Barcelona. Después de licenciarse en filosofía y arte, Colomer se mudó a Madrid y de allí empezó un periodo de viajes a los grandes museos de todo el mundo. Fue un periodo de intenso estudio de los grandes maestros de la pintura, en paralelo fue desarrollando su propio estilo. Se casó en 1990 y retomó los estudios artisticos en la Escuela Municipal de Bellas Artes de Madrid. Pronto empezó a exponer su obra en Barcelona y Madrid y sus primeros exitos le marcaron definitivamente la trayectoria artistica.
Para Joan Colomer, la pintura es una prioridad: “No puedo ni imaginarme vivir sin poder pintar. Dicho de otra forma, vivo para pintar.” El artista confiesa en una entrevista: “Si pinto un paisaje o un objeto en concreto, lo hago para dar forma a unas asociaciones que nacen antes en mi mente y que me piden expresarlas urgentemente. El resultado es siempre sorprendente. Nunca se como será mi obra antes de acabarla, porque de una cierta manera, la pintura simplemente surge.”
El cielo representa, en la obra Colomer, la parte más importante. El paisaje se va perfilando a partir de la tonalidad del cielo. Un color requiere a otro, es casi una cuestion de obediencia. Dice el artista, que no puede forzar las armonias, porque son ellas mismas las que se crean en el mismo acto de pintar. Para Colomer, la harmonía, la belleza, simplemente surgen. A la hora de reconocer a sus maestros, Colomer dice: “me gustría tener la pincelada de Beruete, la luz de Sorolla, el equilibrio de Hopper, la gracia de Corot, la visión de Dsaubighny, el color de Monet, el misterio de Vermeer, la atmosfera de Mauve y la sabiduría de Velázquez.” La influencia de todos estos maestros de la pintura se puede observar en la obra de Colomer.